Los medios sociales no duermen por Eva Sanagustín

Los medios sociales no duermen por Eva Sanagustín


Esa noche no había dormido bien así que se levantó con desgana. No le apetecía salir de la cama pero, qué remedio, tenía que ir a trabajar. “Los medios sociales no duermen” era la frase preferida de su jefe. La réplica que se callaba cada vez que la oía era parecida a “somos humanos y tenemos que descansar” y acababa con alguna grosería.

Caminó hasta el autobús con las manos en los bolsillos, evitando a los que apretaban el paso mientras miraban su reloj. 30 minutos era la distancia que aún le separaba del trabajo, no tenía prisa. La pantalla de la marquesina le indicaba que tendría que esperar 6 para que llegase su número. Aprovechó para encender el móvil y que se descargasen los mensajes pero lo puso en silencio para no agobiarse de buena mañana.

Se sentó en el último asiento de la última fila del autobús, en el rincón. No le gustaba tener que moverse constantemente para dejar pasar. Ahí podía concentrarse, tener algo de privacidad. Recibir miradas desaprobadoras era lo habitual pero prefería que fuese porque se pensasen que jugaba a que alguien supiese que su jornada laboral empezaba antes de llegar al trabajo. “No te pagan para eso” era otra frase que oía mucho, pero la decían sus amigos.

Pantalla de inicio, Feedly. Fue directamente a la pestaña Must read y así se enteró de las últimas noticias. Aunque le pesase, su jefe tenía razón y, mientras dormía o al menos lo intentaba, al otro lado del charco se seguían publicando artículos interesantes. Guardó algunos para luego.

Cláxones varios le sacaron de su lectura. Lo habitual, el clásico atasco en la misma calle de siempre. Volvió a mirar la pantalla. Dos movimientos rápidos de pulgar y ya no le quedó nada de obligada lectura.

Pantalla de inicio, Google+. Directo a Comunidades y, claro, algunas tenían novedades. Mayoritariamente eran posts autopromocionales, pero también se fijó porque las recomendaciones de los demás también le servirían para detectar intereses globales. Guardó un par para leerlos con calma más tarde.

Frenazo. Nada, una moto que tenía prisa. La señora que se había sentado a su lado le miraba de reojo con curiosidad. La ignoró pero se acomodó en su asiento para girarle la pantalla disimuladamente.

Pantalla de inicio, Flipboard. La suscripción a un par de palabras clave y a su lista de Twitter siempre le traían descubrimientos matutinos que le despertaban las ganas de escribir. Sabía que varios enlaces le serían de utilidad así que los guardó porque hasta la tarde no tendría tiempo.

Le quedaban tres paradas, aún podía hacer el repaso final antes de bajarse.

Pantalla de inicio, Pocket. Las etiquetas le ayudaron a encontrar los posts que había guardado. Archivó un par que eran similares y compartió con Hootsuite para programar otro par de actualizaciones diferentes en el Facebook y Twitter del trabajo.

Ping. El timbre de parada sonó cuando se guardaba el móvil en el bolsillo. Bajó del autobús y caminó un par de calles hasta “Diseño de iluminación La&CoS”. La verja aún estaba cerrada, el jefe no había llegado. Típico, se habría dormido. Sacó las llaves y abrió la tienda. Conectó todas las luces y así empezó ¿realmente? su jornada laboral.

 

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Quizás también te interesa saber cómo comenzó todo, si es así, lee “La luz de la inspiración“.

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