No todos los alumnos son alumnos por Eva Sanagustín

No todos los alumnos son alumnos por Eva Sanagustín


Empecé a dar clases en enero de 2010 y desde entonces casi 4000 personas me han escuchado hablar de contenidos. Hace 5 años que cada mes me pongo delante de un grupo de gente con ganas de aprender y les hablo de mi profesión. Eso es lo que hacemos los profes: compartir nuestro conocimiento y experiencia.

Claro que cada uno lo hace a su manera porque, aún tiempos digitales, cada maestrillo tiene su librillo. Y, si no hay dos profes iguales, tampoco hay dos alumnos iguales porque cada uno viene con sus expectativas creadas en base a conocimientos y experiencias previos. Precisamente por eso, no a todos se les puede considerar alumnos y hay diferentes tipos de perfiles que acuden a una formación.

Antes de la clase

En Foxize, se recomienda a los alumnos que hagan unos pocos deberes antes de la clase y tengan claro de qué va a asistir. Después de los 158 que he tenido hasta el momento, puedo confirmar que no todos lo hacen… pero sí que son más que en la mayoría de otros centros. Y se agradece poder hablarle a gente que demuestra ese mínimo interés, se nota desde el primer momento: son astutos.

En el otro extremo, también me he encontrado con alumnos que no saben quién dará la clase a la que van… lógico si tampoco saben qué clase les toca. Es una actitud típica de másteres, postgrados y cursos de cierta duración donde hay varios profesores. No es excusa, por eso los considero pasotas. Algún día les hablaré de viajes en el tiempo y ni se enterarán.

Durante la clase

La gran mayoría de las veces, si no son cursos largos, no sé con quién voy a pasar las horas de clase. Si los alumnos son astutos, pueden saber bastante de mí pero yo, como mucho, tengo un número de asistentes y sus nombres. Así que les he acabado poniendo etiquetas para identificarlos:

– Los participativos son los mejores, claro, porque suelen estar atentos y contestan cuando lanzo preguntas al aire. Se les nota interesados y asienten cuando están de acuerdo y ponen cara rara cuando tienen dudas. Siempre hay alguno así y, quizá algún día, tendré una clase entera de este tipo. Soñar es gratis. Por el contrario, los tímidos no hablan, no preguntan, no se mueven casi… aunque sí respiran y se puede saber por sus caras si siguen bien mi ritmo.

– Los hambrientos buscan respuesta a todo, se cuestionan todo lo que les explico. Hay una variante más radical, los inquisidores, capaces de someter al tercer grado a quien se le ponga delante, también a otros alumnos, porque se creen en posesión de la verdad absoluta o la más reciente y actual. Cuando les da igual si tiene que ver con la clase o no, se convierten en descolocadores.

– Los taquígrafos toman apuntes de todo. Hay quien transcribe la clase, punto por punto, y quien la tuitea para contárselo al mundo (los tuiteros somos así). Los observadores, en cambio, siguen la presentación en pantalla y solo se acercan al ordenador para pasar de página unos segundos después de que yo lo haga.

– Los conectados que logran apagar el móvil utilizan el ordenador para responder correos, mirar Twitter, chatear por Facebook… lo que sea menos seguir la clase más de 5 minutos. Eso sí, son capaces de oír la frase “esto es importante” para levantar la mirada y dignarse a atender unos segundos antes de volver a ocultarse tras la pantalla.

– Los dormilones existen y sé que me los seguiré encontrando por mucho que me esfuerce en romper la monotonía de las sesiones. Pero los prefiero a ellos que a los aburridos que hablan y guasapean, como si quisiesen estar en otro sitio pero alguien les obligase a quedarse. Yo no lo hago, eso seguro.

Durante la pausa de la clase, surge un perfil peligroso: los acosadores. Cuando se juntan varios de ellos, mi garganta no descansa y la pobre también se lo merece que hay días que no callo. Pero, bueno, contesto como puedo algunas veces entre sorbo y mordisco del desayuno.

Después de la clase

Para qué negarlo, algunos huyen y otros se escabullen con alevosía en el descanso. Son los acelerados que viven a otro ritmo. Uno muy rápido. Por suerte, los hay educados que se despiden con un “gracias” o incluso un “buen fin de semana”.

Cuando la clase queda medio vacía y ya estoy recogiendo, aparecen los dubitativos.  Son una mezcla de los tímidos y los hambrientos en cualquiera de sus variantes. En sus conversaciones suelen incluir una pregunta: “¿puedo enviarte un email…?”. La gran mayoría nunca lo hace, aunque siempre les digo que sí. Quiero pensar que porque han aprendido más de lo que pensaban.

 

Ya ves, desde mi posición se entera una de más cosas de las que en ocasiones quisiera. Algunos inocentes creen que no me doy cuenta de la fauna que pulula por la clase. Pero, simplemente, con los años he aprendido a ignorarlos y centrarme en los que quieren aprender. Porque los de este tipo sí son alumnos, los demás solo calientan la silla.

Pero si tuviese que elegir a un tipo de alumno me quedaría con los reincidentes: son los que han venido a más de una de mis clases y repiten. Son caras conocidas que me sonríen cuando otros preguntan cosas imposibles, que participan, que me saludan con un “Hola Eva” y se van con un “¿Cuándo haces otro curso?”. Son mis alumnos, los demás quizá algún día lo sean.

 

sPwlY1E7_400x400Sobre la autora

Eva Sanagustín es redactora web freelance y profesora de Foxize School. El próximo martes 20 de enero impartirá su curso “Diseña tu plan de contenidos” en Foxize Barcelona. ¿Te animas a convertirte en uno de sus alumnos?

 

 

 

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