4 mitos sobre la formación

4 mitos sobre la formación


Todos sabemos que el aprendizaje es una herramienta clave tanto para el desarrollo profesional, como para alcanzar los objetivos organizacionales, formando parte de la propia estrategia de dirección y gestión de RRHH. La formación permite hacer frente a la obsolescencia profesional y afrontar los retos de la globalización, los cambios sociales y tecnológicos.

A pesar de esto, a día de hoy aún siguen existiendo mitos sobre la formación y creemos que es el momento de revisarlos y desmitificarlos.

1- “El modelo 70:20:10”

Este primer mito no va del todo desencaminado, pero habla de un modelo formativo ya caducado. Según esta teoría, nuestro aprendizaje es más óptimo cuando dedicamos un 10% en formación clásica, un 20% en intercambio social (aprender de otras personas) y un 70% a través del learning by doing (por experiencia).

Aunque es verdad que existen distintos formatos de aprendizaje y es muy beneficioso para nosotros enriquecer nuestras formaciones de diferentes fuentes, definirlo en un porcentaje fijo nos parece limitar las posibilidades formativas. Nuestro aprendizaje debe adaptarse y personalizarse según las necesidades particulares de cada profesional, no restringirlas.

El modelo 70:20:10 nos puede servir como referencia, pero nunca será un modelo fijo.

2- “¿Estudias o trabajas?”

¿Cuántas veces has oído o te han hecho esta pregunta?  Quizás era algo muy común de oír en el siglo XX, cuando el conocimiento universitario sustentaba toda la vida laboral. Pero en el siglo XXI y con la transformación digital es imposible separar el ámbito laboral de la etapa formativa. Ahora trabajar significa actualizarse y aprender de forma continua: el life long learning.

En realidad, la eficiencia de los trabajadores y su trabajo colaborativo permitirá que podamos dedicar más tiempo a otras actividades. Ya hay quien afirma que el trabajo del futuro es más que probable que se parezca más ir a la escuela que ir a la oficina.

Eso solo será posible porque debemos tener un acceso ilimitado al aprendizaje. Con plataformas de formación como Foxize o desde las propias empresas a través de programas in-company, con formación 24/7, ya sea de manera presencial o a distancia, podremos nutrirnos de la formación continua.

En definitiva, este enfoque solo es (será) sostenible porque estamos evolucionando nuestra mirada respecto a la formación. De estar contando las horas formativas anuales a centrarnos en medir los cambios e impactos conseguidos a través del aprendizaje.

3- “La formación online no funciona”

Todos hemos aprendido a cocinar un plato nuevo a través de un vídeo en Youtube o hemos aprendido a montar un mueble siguiendo un tutorial online. Este mito surge de la existencia de formaciones tediosas y aburridas, pero que no tienen relación con el canal de impartición, sino con su contenido. Puede existir tanto una mala formación online como presencial.

La formación es un gran reto. La dificultad radica en que la gran mayoría de personas no saben cómo aprenden a pesar de llevar toda la vida en formación. Precisamente es en este punto donde entra en valor el equipo de RRHH, que busca un sistema de aprendizaje eficaz para cada individuo, porque, como ya hemos dicho, cada persona aprende de forma distinta.

Si quieres saber cómo realizar un plan formativo eficiente, te recomendamos que leas el ebook gratuito “Libro blanco de la formación: Cómo mejorar y hacer más eficiente la formación en las empresas” y conocer todas las claves del aprendizaje empresarial:

4- “Aprender es sufrir”

Existía (y esperamos que sea sólo cosa del pasado) un refrán que decía “la tinta, con sangre entra”. En el siglo XXI se ha demostrado que sin emoción positiva no hay aprendizaje.

La formación debe ser una experiencia donde el formato sea tan importante como el contenido, donde el profesional aprenda y desee más experiencias de ese tipo. De hecho, hay una estrecha relación entre la eficacia de las formaciones con la motivación del colaborador en su puesto de trabajo. Las empresas más punteras usan datos para medir su satisfacción, evaluar el impacto y poder personalizar las formaciones según las necesidades.

Así que permítenos actualizar el refrán a “la tinta, con alegría, entra”.

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