
A menudo, cuando hablamos de UX (User Experience) en entornos corporativos, parece que estemos hablando de elegir colores o poner botones bonitos. Es un error de base.
En Foxize vemos la UX de otra manera: para nosotros, una mala experiencia de usuario es un impuesto invisible que tu empresa paga cada día. Si un empleado tiene que pelearse con la interfaz antes de empezar a aprender, ya hemos perdido. El tiempo productivo se escapa entre menús infinitos y clics innecesarios. Por eso, nos pusimos manos a la obra para rediseñar nuestra plataforma. No buscábamos un cambio de cara; buscábamos rentabilidad operativa.

Para entender hacia dónde debíamos ir, hicimos un desk research sobre la formación y el aprendizaje adaptativo. Los datos nos dieron en la cara. En la formación tradicional, siempre se ha visto el aprendizaje como una «talla única», y esto tiene un impacto directo en la productividad.
Nos dimos cuenta de que el modelo de «catálogo infinito» —ese que parece un Netflix de cursos pero sin el algoritmo que te conoce— genera una parálisis por decisión absoluta. El usuario entra y, ante el caos, abandona.
¿Cuántas horas desaprovecha, por ejemplo, un data analyst en ver cursos obligatorios de Excel que ya domina? El 70% de los empleados dicen no tener las habilidades necesarias para su trabajo a pesar de la formación recibida. Eficiencia cero.
En los últimos años, el sector se está alejando de las «bibliotecas de contenido» para buscar lo que el mercado define como LXP (Learning Experience Platforms): plataformas centradas en la experiencia del alumno y no solo en el control administrativo. En Foxize, esta personalización siempre ha sido nuestra ventaja competitiva, pero sabíamos que podíamos ir más allá.
Detectamos un punto de fricción crítico: nuestra personalización era demasiado manual. Lanzar diagnósticos, agrupar niveles y crear itinerarios a mano consumía el 40% del tiempo de gestión de nuestro equipo y de nuestros clientes.
El mercado es grande y competimos con empresas con más recursos, pero pocas se atreven a realizar una personalización tan detallada. Por eso, nuestro problem statement fue ambicioso: ¿Cómo podemos automatizar esta personalización para reducir el tiempo de gestión en un 50%?
No diseñamos a ciegas. Hicimos un benchmark comparando plataformas para extraer buenas prácticas y realizamos tests con clientes y perfiles tecnológicos.
En lugar de lanzarnos a programar, prototipamos rápido para fallar antes de tocar una sola línea de código. Desarrollamos wireframes (esquemas estructurales) y prototipos de alta fidelidad que testeamos internamente para comprender dónde estaban los puntos de fricción reales.

Queremos ser transparentes: nuestro primer planteamiento con MyTutor (nuestra IA de apoyo) no funcionó como esperábamos. En los primeros tests, nadie lo abría. Los alumnos lo relacionaban con experiencias frustrantes con otros chatbots de asistencia técnica.
Fue un aprendizaje clave: no bastaba con que la tecnología fuera buena, el User Flow (el camino real que recorre el usuario por la pantalla) tenía que estar integrado de verdad en el aprendizaje. Al convertirlo en un elemento contextual, descubrimos tres perfiles:
Entender esto nos permitió dejar de diseñar para un usuario genérico y empezar a diseñar para comportamientos reales.
El contenido debe ser el protagonista. Hemos limpiado la interfaz de distracciones para que el alumno elija cómo consume la formación. Si necesita foco total, puede limpiar la pantalla. Si necesita ayuda, tiene a su tutor a un clic. Es una interfaz que respeta el estándar de usabilidad de nuestro móvil: si no es intuitivo y rápido, no sirve.

La UX no acaba en el botón de «Play». En Foxize hemos integrado dinámicas de IA (iAutor) para crear espacios seguros de práctica. Por ejemplo, en una formación de televenta, el empleado practica una llamada real mediante un roleplay con la IA.
Aquí el alumno puede equivocarse y aprender de sus errores con feedback inmediato. El resultado es una transferencia real al puesto de trabajo: el feedback de los alumnos fue unánime y se sintieron listos para afrontar su primera llamada real con seguridad.
Este rediseño es una decisión financiera. Según Gartner, el aprendizaje adaptativo reduce el tiempo de formación en un 40% manteniendo los resultados. Al automatizar la personalización y pulir la UX, devolvemos tiempo al negocio y aumentamos el engagement del alumno. Hemos pasado de una plataforma que almacenaba contenidos a una herramienta que construye capacidades. El objetivo de la UX es que el usuario salga de la plataforma mejor de lo que entró, y que lo haga en el menor tiempo posible.
Después de ver cómo el diseño puede acelerar o frenar el crecimiento de tu equipo, ¿estás seguro de que tu plataforma actual te está haciendo ganar dinero o es solo un almacén de vídeos que nadie termina?